Casi 2.000 trabajadores vascos han completado ya el proceso para conseguir una titulación de Formación Profesional o un certificado de cualificación mediante el sistema de acreditación de su experiencia laboral. O lo que es lo mismo, se les ha reconocido que dominan un oficio. En la primera tanda han sido los conductores de ambulancias, los trabajadores dedicados a la atención de personas dependientes y las mujeres que desempeñan labores de confección y mantenimiento de aparejos de pesca los que se han acogido a esta vía con la que el Gobierno Vasco pretende reconocer su cualificación y, a la vez, aumentar la formación de la ciudadanía en general para multiplicar las oportunidades de éxito en el mercado laboral.
El camino que deben seguir los aspirantes es sencillo. Los candidatos se ponen en contacto con un orientador del Gobierno Vasco -hay 74 en la actualidad-, que estudia su vida laboral y les define la parte del programa de formación oficial que se les convalidaría por su experiencia y las unidades de competencia -temas con determinados conocimientos- que les resta por cursar. Los trabajadores vuelven a las aulas, en centros de FP tanto públicos como privados que colaboran en el plan con el GobiernoVasco, para estudiar esos módulos y después deben superar un examen (hay 67 evaluadores). La última convocatoria fue el pasado septiembre.
«Hay que dejar claro que el dispositivo que se ha puesto en marcha no consiste en que si acreditas una experiencia laboral se recibe un título directamente. El candidato debe matricularse en una titulación, en ese momento quedará exento de cursar las unidades que ya tenga acreditadas por su experiencia y deberá formarse en las restantes», subraya María José Madariaga, Directora de Formación Profesional del Departamento de Educación. Los trabajadores pueden lograr títulos de FP -es enseñanza reglada y se convierten en técnicos- y certificados de profesionalidad (que dependen de Empleo). Estas acreditaciones tienen validez en toda Europa.
Los primeros aspirantes en lograr sus títulos han sido 350 conductores de ambulancias y 130 rederas, que pasan a ser técnicos en Emergencias Sanitarias. En el caso de las rederas han recibido un certificado de profesionalidad en Confección y Mantenimiento de Artes y Aparejos.
En la actualidad, otros 1.300 aspirantes dan los últimos pasos para convertirse en técnico en Atención a Personas en Situación de Dependencia. Además, más de un millar de profesionales que han acreditado su experiencia en la asistencia sociosanitaria a domicilio y en trabajos de cocina se preparan para acceder a una acreditación oficial. «Las convocatorias tienen en cuenta las necesidades de profesionales que hay en los diferentes sectores productivos», detalla Madariaga.
«Para mí era una obligación moral»
Francisco Javier Donis conduce la UVI Móvil de Vitoria. Trabaja en Emergencias de Osakidetza desde 1989 tras aprobar una oposición. Desde entonces ha acumulado una experiencia muy valiosa en el traslado de enfermos y personas accidentadas, que le ha permitido ahora hacerse con un título oficial de Formación Profesional.
Cuando hace más de 20 años se presentó a la oferta de empleo público en Osakidetza, a Francisco Javier solo le exigieron tener el graduado escolar y el carné de conducir. Además tuvo que preparar un temario relacionado principalmente con la mecánica del vehículo y su conducción. «Y durante todos estos años he realizado numerosos cursillos para mejorar mi preparación, por mi cuenta, pero no eran oficiales», relata. Después de tantos años no tenía un documento que acreditara toda esa preparación.
En su centro de trabajo en Emergencias de Osakidetza le informaron de la posibilidad de que se le reconociera la competencia adquirida. No lo dudó un segundo. «Para mí era una obligación moral. Me sentí obligado desde el principio. Era una buena oportunidad de formación y de demostrar mis conocimientos. Además, también me puede servir para la promoción interna. Y nunca se sabe lo que puede pasar tal y como está la situación…», comenta.
Su experiencia laboral le permitió aprobar tres de los cuatro módulos de los que consta el certificado, en concreto los de Mantenimiento del vehículo, Soporte básico e Inmovilización del paciente. Tan solo tuvo que cursar el temario de Apoyo sicológico a las víctimas. Se matriculó en un instituto de FP de Barakaldo y superó el examen el pasado septiembre. En su ‘promoción’, el 30% de los aspirantes lograron superar todos los módulos solo convalidando su experiencia laboral, el 50% tuvo que superar una unidad de conocimiento y el resto, dos o más.
«El título es un reconocimiento a nuestro trabajo»
La bermeotarra Josune Rentería ha logrado la cualificación profesional de ‘Mantenimiento y reparación de redes de pesca’ en la Escuela de Formación Profesional Náutica Pesquera de Ondarroa. Para matricularse solo tuvo que cumplir un requisito: demostrar que los tres últimos años de la última década se había dedicado a ser redera.
Tanto Rentería como el resto de sus compañeras, alrededor de 65 vecinas de diferentes localidades costeras vascas, atesoran miles de horas de experiencia cosiendo redes en los puertos. «Pero para cualquier trámite administrativo nos faltaba siempre el papel que certificara nuestro oficio. Ahora nos han dado la oportunidad de conseguirlo y esperemos que nos abra puertas, sobre todo a la hora de obtener una cotización digna para cuando nos jubilemos o en los casos de coger una baja laboral. Al fin y al cabo este certificado es un reconocimiento a nuestro trabajo», apunta esperanzada.
El programa de enseñanza, basado más en la práctica que en la teoría, ha resultado pan comido para el grupo. «No nos ha supuesto un esfuerzo sobrehumano, porque más que aprender, se trataba de demostrar lo que ya sabíamos», señala. Durante las clases han tenido que probar su destreza con las redes de cerco -artes que se utilizan en las pesquerías de chicharro, anchoa y verdel-. «Estamos más que acostumbradas en su manejo, así que en esa materia sabíamos más que los profesores. En lo relativo a las redes de rasgo o de arrastre, aparejos y costuras de cuerdas, sin embargo, ellos eran más profesionales», reconoce.
El oficio de las rederas, de hecho, ha estado tradicionalmente más ligado a las artes de cerco, caracterizadas por tener una malla más estrecha; que a las de arrastre, con una luz o distancia entre los nudos más ancha. Reparar las primeras requiere, no obstante, de otro arte: la paciencia. «Como los hombres no siempre tienen de ‘eso’, se han valido de la excusa de que tienen los dedos gruesos para no coserlas», bromea Rentería.
Las clases teóricas para la obtención de la cualificación profesional han resultado «un poco más difíciles». «El mayor problema surgía con las definiciones técnicas porque estamos acostumbradas a las denominaciones en euskera y dependiendo de los puertos son diferentes. Nos hemos tenido que acostumbrar a los nombres universales», señala. «Los profesores nos han hecho las clases muy amenas», agradece. Dice que va a colgar su título en «un lugar preferente en casa, al estilo de los de los médicos», bromea.
Rentería, que ocupa el cargo de presidenta de la Asociación de Rederas del País Vasco viajó la pasada semana, en compañía de otras representantes de la agrupación, a Málaga para participar en el segundo Congreso de Mujeres Trabajadoras del Mar. «Contamos al resto de compañeras que se dedican a este oficio la posibilidad de obtener el certificado que el Gobierno Vasco nos ha brindado en Euskadi, ya que en otras comunidades no parece que los políticos les escuchan tanto», asegura.